En esta vida siempre hay esperanza.

Fecha : 15 August, 2018

Susana, nació en Puebla, desde hace 24 años, vive en Acapulco y trabaja como camarista en un hotel. Tiene tres hijos: Juan de 9 años, Diana de 7 y Margarita, de 14. Margarita es una sobreviviente de violencia sexual, fue violada por su padre y a raíz de ese evento quedó embarazada. Margarita recibió atención integral, médica y psicológica por el equipo de Médicos Sin Fronteras y en coordinación con las autoridades del Ministerio Público del municipio.

Desde que yo recuerdo, en Acapulco hay mucha violencia, sobre todo hacia las mujeres. Maltrato físico y mental, abusos y violaciones. Hay mucha violencia familiar, como la que viví desde niña.

Cuando mis papás se separaron fui golpeada, maltratada. Podría decirse que no tuve infancia ni tiempo de jugar, y si quería estudiar estaba obligada a trabajar. Así crecí, vendiendo cosas, luchando para salir adelante. Luego me casé, pero mi vida de matrimonio tampoco fue fácil. Mi esposo también me golpeaba, me amenazaba, me maltrataba y me humillada. Por eso tomé la decisión de separarme y no lo volví a ver.

Mis hijos vivían la misma violencia, maltrato físico, insultos, humillaciones y golpes que yo. Al apartarme de mi esposo su vida cambió, están yendo a terapia psicológica. El maltrato que padecían ya no la tienen. He visto una transformación porque antes no tenían ganas de estudiar y sólo querían golpearse entre sí. Desde que tomé la decisión de separarme y empezar una vida nueva los veo distintos, ya no se pelean ni agreden, se cuidan entre ellos, los veo más tranquilos.

Me acerqué a SIVIS porque mi exmarido abusó de mi hija y por esa violación tuvo un bebé. Llevé a mi niña ahí porque el Ministerio Público me recomendó hacerlo. Ella se quería morir, lloraba sin parar y cuando se enfermaba no quería ir al médico, me decía que no deseaba vivir. Yo no entendía por qué, hasta que comenzó a declarar en los juzgados, se levantó el acta y relató todo, que su papá la amenazaba con matarme, con agredir a sus hermanitos y con golpearla a ella, y le decía que no dijera nada. Se llenó de miedo y guardó silencio.

Como a los dos meses comencé a darme cuenta de que mi niña no menstruaba, justo después de que él me la había entregado. Se me ocurrió, con mi mamá, practicarle una prueba de sangre y resultó que estaba embarazada.

Cuando comenzó con la terapia psicológica le dijeron que tenía opciones, que si no quería tener un hijo podían detener el embarazo. Ella decidió que no, porque el bebé no tenía la culpa. Ahora trata de aprender a ser mamá y no es fácil, pero le ayuda mucho la terapia.

Eso fue hace un año. Ahora sigue yendo a la escuela, está cursando el tercer año de secundaria. Tanto la psicóloga de SIVIS que trabaja en la Clínica Avanzada en Atención Primaria en Salud (C.A.A.P.S.) como la médica ministerial le dijeron que si no quería tener al bebé estaba en su derecho, que podía interrumpir la gestación. Le hicieron pruebas de embarazo y de todo. Yo estuve con ella. En el Ministerio la trataron bien, le dijeron que la iban a apoyar, a cuidar y que no tuviera miedo de hablar, pues tenía el derecho a defenderse y que la justicia estaba para ayudarla y respaldarla en todo momento.

Sobre la demanda nunca tuvimos conocimiento de que el juez diera la orden de detenerlo. Él está prófugo. No está aquí, no sabemos nada de él. Vigilaba a mi hija mediante el GPS del celular y cuando nos dimos cuenta eliminamos esa aplicación, pero él ya tenía información de lo que hacíamos y se fue.

Todos mis hijos están yendo a terapia psicológica, se sienten bien. Les digo que hay que esforzarnos para salir adelante y ser fuertes, y que a quienes nos hicieron daño habría que darles las gracias porque nos enseñaron a tener fortaleza y a luchar, porque la vida sigue y Dios tiene mejores cosas para nosotros.

A la gente que tenga la oportunidad de ver este mensaje me gustaría decirle que si vive violencia tengan la confianza de acercarse a SIVIS. No se sientan solos, no tengan miedo, en esta vida siempre hay esperanza y alguien que te respalde. No callen sobre lo que les pasa a sus hijos, con o sin un esposo ellos pueden salir adelante. Cuiden a sus niños y traten de evitarles ese tipo de violencia. Cuando realmente sientes amor por tus hijos buscarás su bienestar y nunca afectarlos de esa manera.

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